Mortadelo y Filemón. Un 60 aniversario bastante pachucho


Los achaques de la edad repiten como tema principal en este nuevo aniversario, una década después de ¡...y van 50 tacos! Pero repiten como una mala cena. La falta de humor de aquél nos parece oro a día de hoy. En la quincuagésima celebración, el paso del tiempo tenía su razón. En ella, los agentes de la TIA debían demostrar con todas las argucias posibles que la edad no les pasaba facturaba para evitar que los pusieran de patitas en la calle.

Aquí, en cambio, Ibáñez hace un batiburrillo en el que la vejez sólo es una excusa para hacer un sinfín de sketches escatológicos. Mientras la pareja de detectives burricalvos intenta evitar una Tercera Guerra Mundial en el temible encuentro entre los dos alter ego de Donald Trump y Kim Jong Un, nos encontramos cada dos páginas con un retortijón o una repentina incontinencia urinaria. Si ¡...y van 50 tacos! te pareció excesivamente cacaculopedopís, ahora lo añorarás.

La parte política es también floja, ya no comparándola con El quinto centenario o Barcelona 92, tronchantes y maravillosas, sino con ¡Elecciones! y El tesorero, ambas de dos años trás. Ni las caricaturas de los mandatarios se parecen, ni tienen nada especial. En las dos aventuras de 2015 reconocemos a los políticos del panorama patrio, con sus tics y sus ridiculeces, y eso suma en el resultado final de una carcajada.

En fin, no esperaba demasiado, y así ha sido. Tampoco voy a pedir más a estas alturas de la vida del maestro, que tanto nos ha hecho reír, y que ha retratado la miseria de España como nadie. Muchas gracias, y un abrazo.

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Más entradas sobre Mortadelo:

El infierno según Rodin, exposición en la Sala Fundación Mapfre de Barcelona


La exposición El infierno según Rodin estará en la Sala Fundación Mapfre de Barcelona (Casa Garriga Nogués en Diputación, 250) del 11 de octubre de 2017 al 21 de enero de 2018.

Como la de Renoir que fui a ver a esta misma sala el año pasado, está dividida en dos plantas. No han traído muchas piezas grandes, y la mayoría son figuras pequeñas: bocetos y modelos en yeso y en bronce del artista. Sin embargo, las pocas esculturas de gran tamaño que han traído, impresionan y embelesan a cualquiera.

La edad de bronce, su primera obra importante, es una maravilla delicada y hermosa. El Adán y la Eva que debían franquear a ambos lados la Puerta del Infierno te estremecen: ella cubriéndose por la culpa y la vergüenza, él retorcido y tapándose el rostro con el hombro. Los brazos de Adán son enormes y musculosos, un prodigio anatómico inerte que rebosa fuerza. La poderosa energía de sus manos y pies recuerdan a los del David de Miguel Ángel.

Aprendemos la larga historia de la Puerta, desde su inspiración inicial en El Infierno de Dante, y la intención del escultor en retratar los castigos del averno, a la posterior influencia de Las flores del Mal que empuja al artista a plasmar no la consecuencia sino las causas que inducen a los hombres a los actos prohibidos: las pasiones, los deseos, la vorágine.

Rodin rehace la Puerta infinitud de veces. Justamente mi pareja había estado unas semanas atrás visitando el Museo Rodin de París, y le pareció un complemento ideal, pues había obras que por su ubicación en el museo no había podido disfrutar igual. Así que no es una experiencia que no merezca la pena, pues amplía la exposición original parisina.

Hay más esculturas de gran tamaño, pero han sido distribuidas de manera muy inteligente. Iba a salir con pena de no haber visto lo suficiente y, ¡zas!, el gran final. Es una perogrullada, y sonará hasta idiota, pero a diferencia de la pintura, la escultura ofrece el gran regalo de la tridimensionalidad. Puedes mirar los trabajos del artista desde diferentes ángulos, y en cada uno las sensaciones que te transmite son distintas. Rodin es capaz de lucir su talento sorprendiéndote a casa paso.

La entrada cuesta tan sólo 3 euros. Si sólo se puede vistar la exposición en fin de semana, recomiendo el sábado a primera hora, a las diez, pues los espacios no son muy grandes y se llena. Nosotros entramos poco antes de las once y no sufrimos aglomeración ninguna.

Blog de Maliki


Mi última gran sorpresa ha sido descubrir que Blog de Maliki... no es de Maliki. Su verdadero autor se hace llamar Souillon (un alias que se puede traducir como dejado, cerdo o marrano) y es un hombre. Aparece a veces en las tiras como el ayudante y sirviente de Maliki. Y después de haber googleado un poco, no estoy seguro de que sea verdad.

Sea como fuere, este webcómic pseudoautobiográfico ha tenido tanto éxito que ha acabado siendo publicado en papel. Y si me ha chocado la estrambótica historia tras la autoría de este personaje, una historietista que vive en el campo con sus gatos, no menos me sorprendió (para bien) descubrir este tomo que no quise comprar.

Lo adquirió mi pareja, porque la portada no me auguraba nada bueno. Apuntaba a lo que es: un recopilatorio pastiche de historietas, ilustraciones y comentarios destinado a los usuarios que visitan el blog de Maliki.com. Y, no obstante, el dibujo me atrapó: desde su estilo caricaturesco de clara influencia manga hasta la fuerza expresiva de los personajes.

Es ahí donde queda patente la formación previa del autor como animador, quien impartió estudios en la escuela de arte Gobelins de París y trabajó como diseñador de personajes en el videojuego Dofus y en la serie Wakfu, también basada en otro juego. Su dominio del movimiento, de la gestualidad y de las expresiones corporales es fantástico.

Y si el dibujo te agarra la cabeza y no te deja que la gires hacia otro lado, el humor desenfadado y absurdo hacen que te quedes en tu asiento devorando sus trescientas páginas a todo color. El chiste que abre la función, el del dentista homeópata, es de traca. En España ha sido publicado por Ediciones Babylon a un precio de 19,95€. Tanto por las risas como por el arte merece la pena.

Todos muertos (All Shot up) de Chester Himes


Todos muertos (All Shot up, 1960) es una novela del escritor afroamericano Chester Himes. En esta nueva entrega, sus dos detectives estrella Coffin Ed Johnson y Grave Digger Jones deberán intentar solucionar dos casos que aparentemente no tienen nada en común: el atropello de una anciana y el doble asesinato frente a un bar, "uno de ellos blanco".

Este último detalle es crucial en las novelas de Himes: la problemática racial de los Estados Unidos. Vemos detalles aparentemente menores que crean tensiones y que pueden llegar a cambiar las tornas de una situación. Ante ellos, el narrador no lloriquea. Simplemente, sus personajes demuestran que están hasta las pelotas, que no se van a amedrentar, y aquí está mi pistola.

Sus novelas y sus protagonistas son tan duros como tópicos. Hay drogas, hay putas, chaperos, ladrones, chivatos, comida sureña y una violencia descontrolada. No en vano, en 1970 fue llevada al cine su novela Cottom Comes, una de las iniciadoras del movimiento cinematográfico Blaxploitation. Himes lleva las situaciones al extremo, al puro exceso, y mientras lo hace se ríe de ello.

Porque el humor no queda apartado de la ecuación. Hay escenas ridículas y momentos absurdos, maridos infieles acongojados por sus mujeronas, policías zopencos y médiums travestis. Unos ingredientes que podrían estar produciendo novelas entretenidas (esta lo es), pero no necesariamente brillantes (esta no lo es).

No me interesa demasiado el género policiaco y, pese a ello, su inconclusa y póstima novela Plan B (1993) me encantó. Con Plan B, Himes no sólo puso toda la carne en el asador: arrojó a las llamas la verdura, el pescado, la nevera, los muebles, la casa entera. Comparada con ella, esta es ingenua y comedida en su crítica, en su desprecio hacia la segregación.

Sin duda, treinta años de distancia cuentan. En Todos muertos disfrutamos viendo los elementos que harán grande su obra póstuma. Es bueno leer los trabajos menores de grandes escritores que se hicieron a sí mismos a base de oficio. Roberto Bolaño escribió verdaderas mierdas, y ahora está donde está a fuerza de haber dado el callo.

No quedará como una de mis favoritas, pero no me cabe duda que guardaré las imágenes esperpénticas que regala al lector. Cuando uno cree que ya todo ha terminado, un camión se estrella contra una iglesia mientras un motorista decapitado surca los cielos. Himes aprendió a escribir en la cárcel y estaba de vuelta de todo. Para muestra, un botón.

Memorial de Chester Himes en Moraira (Alicante)

Museomaquia de Santiago García y David Sánchez


Me encanta el estilo de David Sánchez. Recuerdo que cuando trabajaba como librero, miraba con fascinación las ilustraciones de las tapas de los libros de la editorial Errata Naturae, tan extrañas y a la vez tan cautivadoras. No sólo me resultaban raras las de la colección La Mujer Cíclope. Todas sus ilustraciones, por normales que fueran, me resultaban inquietantes.

Pero leí Tú me has matado y No cambies nunca y mi idilio se terminó. Sus guiones son igual de estrambóticos con el inconveniente de que no ofrecen ningún placer. Sus historias me aburren y me dan igual. Pensé que Museomaquia, por tener a otro autor a cargo de la historia, Santiago García, me gustaría, pero me he quedado con la misma cara de tonto.

La gracia de Museomaquia es que es un cómic oulipiano. Hay una restricción: que la narración sólo avance a través de cuadros famosos. El problema está en cuando no entiendes la mitad de las referencias y la obra no ofrece nada más. Me ha pasado lo mismo que sufrí leyendo el Black Dossier de Alan Moore. Ha sido como pasar la tarde en una casa llena de chinos y que no te inviten ni a té.