Woodlawn, el drama deportivo cristiano que desvirtúa la lucha contra el segregacionismo

Woodlawn (2015)

LA PELÍCULA

Woodlawn es una película bien rodada y, visualmente, muy atractiva. Lo que en un principio captó mi atención, sin embargo, fue su historia. A través de la narración de los inicios de la carrera del ex jugador negro de los Miami Dolphins Tony Nathan, esta biografía busca capturar las tensiones raciales todavía existentes en el sur de los Estados Unidos en la década de 1970.

Nathan empezó como running back (corredor) en el equipo de los Colonels del instituto de Woodlawn, en Birmingham, Alabama. Birmingham era conocida como Bombingham, dados los numerosos altercados provocados por la segregación racial. A este respecto, la película parece dar a entender que la solución a estos conflictos vino dada por la intervención conciliadora de un pastor.

Si se mira la historia de los Estados Unidos y de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos, a nadie le extraña la relevancia de la religión en la consecución de las libertades civiles. Sin embargo, escama sobremanera la manera simplista e ingenua con que se nos presenta aquí el final del odio entre los dos bandos de esta cruenta partida de ajedrez.

Tal como se ordenan los hechos históricos, en un rápido flashback al inicio del filme, parece que 1973 fuera el momento álgido de las manifestaciones en Birmingham, cuando en realidad los sucesos más relevanes sucedieron diez años antes. No menos significativo es que el pastor que conduce esta conversión cristiana en masa sea un gordito cojo y bien blanco.

Lo peor es que las dotes de este predicador dejan mucho que desear. En ninguno de los discursos que da escuchamos algo más que frases vagas, sin ninguna entonación especial dispuesta a inflamar los corazones. Es como si yo me pusiera delante de un montón de gente y dijera sin ninguna pasión: "Tenemos que amar a Jesús", y el público al completo se volcase sobre mí entusiasmado.

No resuelta creíble, entonces, que los blancos, que hasta un minuto antes hacían gala de su desprecio, se conviertan en defensores a ultranza de la integración. Mucho menos que los negros, vilipendiados hasta el momento, no recelen de ese orador paliducho, que nadie conoce y que ha surgido de la nada. Ni las palabras ni la actuación del actor Sean Astin convencen.

La interpretación del que fuera el soso Sam en El Señor de los Anillos no es la única plana. Ahí tenemos al entrenador Tandy Gerelds (Nic Bishop), que pasa de ser un descreído a recibir el bautismo sin saberse muy bien cómo. Hasta tenemos al antagonista que se reía de la fe, el entrenador del equipo rival, alineado en un pestañeo con el bando devoto.

Son cambios que descolocan y que no pueden dejar de causar recelo, desconfianza que crece cuando se indaga un poco y apenas se encuentran datos acerca de esa gran conversión unificadora que se llevó a cabo durante el 73 y el 74 en la ciudad de Birmingham, y que tuvo su culminación en la final del campeonato estatal de Alabama más multitudinaria de la historia.


CONTEXTO HISTÓRICO PREVIO

Lo primero que hice fue googlear "Woodlawn true story", pero sólo me aparecían reseñas positivas de webs cristianas que no hablaban de los hechos en los que se basaba la historia. Luego, me di cuenta que el subtítulo de la película es "The True Story" (como si se hubieran hecho muchas películas sobre ello) y poco iba a rascar buscando por ahí.

Seguí pulsando la lupa con diferentes combinaciones hasta que encontré un artículo totalmente opuesto, más acorde con mis dudas (Mancini, 2015, listado abajo en las fuentes). Sin embargo, tampoco arrojaba información sobre lo realmente sucedido. Más bien, como yo, el autor veía difícil tragarse aquel guión que disminuía la importancia de los sucesos de 1963.

Siguiendo ese hilo, intenté informarme un poco sobre la historia de la ciudad. Woodlawn fue un asentamiento de familias ganaderas que en 1815 ocupó las tierras desposeídas a los nativos americanos con el tratado de Fuerte Jackson tras la guerra Creek. En 1910 la ciudad fue anexionada a Birmingham.

Birmingham fue fundada en 1845 y debió su crecimiento a las minas de hierro, carbón y piedra caliza, materiales necesarios para la producción de acero. Tras sufrir fuertemente la Gran Depresión del 29, la ciudad se recuperó gracias al aumento de la demanda de acero durante la Segunda Guerra Mundial y el posterior boom de la construcción.

De 1910 a 1930 dobló su número de habitantes de 132658 a 259678 (fuente). La industria había atraído a las familias afroamericanas de las áreas rurales y, en la década de los cincuenta, el 60% de la población era blanca y el 40%, negra. Cuando la ciudad empezó a virar del sector industrial hacia los servicios, la mano de obra de color empezó a ser vista como una amenaza.

No era de extrañar. Ellos cobraban menos de la mitad que los blancos por trabajar lo mismo o más. Sin embargo, el odio racial se olvidaba de que los negros no tenían acceso a profesiones como bombero, policía, o dependiente, y que su ratio de desempleo era 2,5 veces mayor. En 1960 sólo el 10% de los afroamericanos tenía derecho a voto.

Martin Luther King y Fred Shuttlesworth
8 de mayo de 1963

El Ku Kux Klan empezó a cometer atentados contra la población afroamericana y la ciudad recibió el sobrenombre de Bombingham. Había segregación racial en edificios, espacios y transportes públicos. Tras la prohibición en 1956 de la NAACP ( Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), el reverendo afroamericano Fred Shuttlesworth plantó cara.

Creó la ACMHR (Movimiento Cristiano de Alabama por los Derechos Humanos) y promovió protestas y demandas judiciales contra las políticas segregacionistas. Tras ser encarcelado en 1962, buscó apoyo en Martin Luther King y la SCLC (Conferencia Sur de Liderazgo Cristiano), cuya campaña en Albany, Georgia, no estaba teniendo éxito.

Shuttlesworth los convenció. Con la lección aprendida tras su experiencia en Albany, la SCLC decidió cambiar de estrategia y, en lugar de dirigir sus esfuerzos en la batalla política contra la discriminación, se centraron en metas concretas y asequibles, impulsando el boicot económico a los comercios del centro de la ciudad y convocando actos pacíficos de protesta.

Sus sentadas y rezos en iglesias de blancos, consiguieron crear repercusión mediática, la suficiente para que el Viernes Santo de 1963, King fuese arrestado. Ese mismo día, ocho pastores anglicanos blancos publicaron una carta abierta titulada "A Call for Unity" en la que recomendaban a los manifestantes abandonar aquellas protestas azuzadas por "forasteros" (outsiders).

En su "Letter from Birmingham Jail", King defendió con argumentos la necesidad de la desobediencia pacífica contra leyes moralmente injustas. Ocho días después, ayudado por la intervención del presidente Kennedy, salió. Pese a su arresto, seguía sin haber mucha gente dispuesta a arriesgarsepor la causa, y las protestas empezaron a perder fuerza.

James Bevel, organizador de la SCLC, propuso llevar a cabo marchas con estudiantes de las escuelas primarias y secundarias, algo que King dudó en apoyar. Sin embargo, la llamada Children's Crusade reavivió la atención de los medios. El 2 de mayo la cárcel estaba al completo. Siendo imposible más arrestos, se empezó a impedir a los manifestantes acceder al centro de la ciudad.

Foto de Bill Hudson, de la Associated Press

Las imágenes de estudiantes siendo derribados por los fuertes chorros de agua de las mangueras, o las de pacíficos manifestantes atacados por perros policía, pusieron contra las cuerdas al presidente Kennedy, que exigió una solución al conflicto. El 10 de mayo Shuttlesworth y King confirmaron a la prensa que habían llegado a un acuerdo con empresarios y políticos.

Se acordó desegregar cafeterías, aseos, fuentes y probadores en un plazo no superior a noventa días. Además, se permitiría la contratación de afroamericanos en grandes almacenes como dependientes, y aquellos en prisión serían puestos en libertad. Como respuesta, el hotel donde se hospedaba King fue bombardeado, además de la residencia de su hermano.

Se deplegaron tropas federales en la ciudad para aplacar los fuertes disturbios. El alcalde Art Hanes y el comisario Eugene Connor fueron destituidos. El 11 de junio el presidente Kennedy se dirigió a la nación para proponer una ley de derechos civiles. Sería firmada en 1964 por el presidente Lindon B. Johnson, proscribiendo cualquier tipo de discriminación por raza, sexo, religión o nacionalidad.

En septiembre del 63, las escuelas públicas de Birmingham llevaron a cabo la integración racial, mismo mes en que el Ku Kux Klan atentó con explosivos contra una iglesia bautista afroamericana matando a cuatro niñas y causando veintidós heridos. En 1965 se cerró el caso. Supuestamente, el director del FBI Edgar Hoover bloqueó la persecución de los cuatro sospechosos identificados.


CONTEXTO HISTÓRICO DE LA PELÍCULA

Birmingham fue un punto de inflexión en la marcha por los derechos civiles de los afroamericanos y tuvo su eco en otras ciudades del sur. Todo fue impulsado por reverendos y asociaciones religiosas, y conseguido gracias a la lucha y resistencia de la población afroamericana, personas que acabaron en la cárcel o asesinadas por los ataques terroristas de los supremacistas blancos.

No se entiende qué necesidad tiene la película en, si no obliterar todo esto, restarle importancia para otorgársela a un hecho que, además de ser presentado como un cuento de hadas, no parece haber tenido más que una repercusión local. Pues, de acuerdo con los testigos, sí que hubo una comunión religiosa entre los miembros del equipo de los Colonels de Woodland.

Tony Nathan explica que por aquella época sí que había tensión racial ("during that time there was a little racial tension") y confirma que en aquel momento tanto el entrenador de Woodlawn como muchos del equipo, incluido él mismo, abrazaron el cristianismo (Poupart, 2015). Sin embargo, no recuerda la famosa charla de la película debido a una contusión en la cabeza (Carlton, 2015).

Brad Hendrix, ala defensivo del equipo en 1974, corrobora que dedicaron la temporada "al Señor" y que, gracias a la fe, rindieron a su mayor nivel durante aquel año y el anterior (Carlton, 2014), los dos que abarca la película. También confirma que el entrenador Tandy Gerelds tuvo mucho que ver con la unión de los Colonels entorno a una meta común de raíces cristianas.

Indagando más, encontré que en los 60 y 70 tuvo lugar la llamada "Revolución de Jesús" que, al igual que el fenómeno hippie, tuvo sus inicios en la Costa Oeste en los Estados Unidos. Asociado al Movimiento de Jesús encontramos al evangelista cristiano Hank Erwin, ex senador republicano en Alabama en 2002 y 2006, y ex capellán de Woodlawn en 1973.

Portada de la revista Time, 21 de junio de 1971

El personaje del orador está parcialmente inspirado en él. La otra figura real que sirvió de modelo para crearlo fue Wales Goebel, evangelista en Birmingham para quien trabajaba Erwin por aquel entonces. Fue Goebel quien relató delante de los estudiantes su terrible experiencia con la bebida y cómo el alcholismo truncó su carrera en el baloncesto (Carlton, 2015).

Hank Erwin es, asimismo, el padre de Andrew y Jon Erwin, los directores de la película. Aunque ambos hermanos crecieron oyendo la historia de Woodlawn, el guión no parte de su experiencia sino del libro homónimo de Todd Gerelds, hijo del entrenador Tandy Gerelds, que defiende la misma premisa evangelizadora. Todos los promotores del proyecto estaban fuertemente implicados en él.

¿Cuál es mi conclusión? Decididamente, el Movimiento de Jesús llegó a Birmingham y oradores como Goebel y Erwin ayudaron a extender su mensaje, que caló hondo en los jugadores de los Colonels y en su entrenador. Esto proporcionó más cohesión al equipo procurándole un objetivo común por el que jugar, tal como han confirmado el testimonio de algunos de ellos.

Sin embargo, frente a lo que afirma Hank Erwin, de que ayudó a Tony Nathan a "correr con un propósito", el ex corredor de los Dolphins asegura que él no puede afirmar eso, pues "sólo hacía aquello para lo que estaba dotado" (Crenshaw, 2015). Nathan nunca niega la fuerte comunión religiosa de aquellos años, pero ciertos comentarios parecen alejarlo de otorgarle excesiva relevancia.

Desde luego, el resurgir de los Colonels con la figura de Tony Nathan a la cabeza frente a los Banks liderados por el quarterback Jeff Rutledge causaron furor y condujeron a la final del campeonato estatal de Alabama más multitudinaria que haya habido nunca. Lo que no queda claro es hasta qué punto se ha exagerado la parte relacionada con la fe.

No he encontrado constatación del hecho que todo el campo se pusiera a rezar el Padre nuestro como en la película, ni la escena en que todos el campo a oscuras enciende velas en honor a Jesús. Tampoco alcanzo a entender la necesidad de magnificar algo para reducir o desprestigiar el impacto de otros sucesos en los que la religión tuvo un papel esencial.

En realidad, el suceso tiene más que ver con el éxito del Movimiento de Jesús que con la consecución real de las libertades civiles. Podemos atestiguar cómo, durante el metraje, se deja en mal lugar movimientos similares a los Panteras Negras, asociando a sus militantes más con el problema que con la solución. Ejemplifican el mal camino, alejado de Dios y de la concordia social.

Esta gente conflictiva acabará en el filme uniéndose a la causa por el corazón de Jesús, dejando de lado su faceta combativa. Esto hace de Woodlawn no sólo un bodrio ñoño de dos horas, sino un producto sesgado políticamente. Es la visión blanca y republicana de unos Estados Unidos cimentados en la unidad familiar, la comunidad cristiana y los símbolos patrios.

El fútbol americano es el mayor exponente de ese nacionalismo. Las banderas ondean por doquier y el himno es cantado íntegramente. Tan obcecado está en su concepción del mundo que lanza un mensaje buenista tan inverosímil como negativo y contraproducente. Su mensaje pudo unir un equipo, pero no hizo que Tony Nathan pudiera ir a un instituto de blancos.

Se ha demostrado una y otra vez que la justicia no llega por métodos sencillos ni amables. Los reverendos Martin Luther King y Fred Shuttlesworth, y quienes los apoyaron, lo sabían. Muchos tuvieron que alzarse y caer para poder acabar con la discriminación racial, una lucha que, como Charlotesville nos ha recordado, sigue vigente. Y no podemos olvidarlo ni desvirtuarlo.

Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, 1963

_____
Fuentes:

Tres cómics: Big mushy happy lump, Maldita tesis y Náufragos


Big mushy happy lump, la segunda recopilación de tirás cómicas de Sarah Andersen después de Adulthood is a myth, me ha parecido menos graciosa que la anterior. En esta, nos habla de sus problemas de ansiedad y baja autoestima, pero no es más que el cansino ejercicio de autoayuda de los estadounidenses. Todos sufren un sinvivir emocional. ¡Si al menos su punto de vista sirviera de algo y no fuera una súplica de atención! Al igual que con el primero, el paso de este webcómic al papel ha venido acompañado de pixelacos dada la mala resolución de los dibujos, una pena.



En Maldita tesis, Tiphaine Rivière cuenta su valle de lágrimas para terminar su disertación de doctorado, que se alarga de los tres años planeados a cinco sin beca. Quien haya pasado por el mismo parto se verá identificado y reirá. De mi lado, virgen en tales lides, no consiguí sentir interés. Me recordó, eso sí, por qué generé tanto asco por las instituciones universitarias y sus "grandes mentes". El dibujo y el color tampoco es para echar cohetes. No es que Sarah Andersen sea Ana Miralles, pero al menos su estilo sí que me hace partirme el pecho. (Por si os interesase, este es el blog de la autora)



Naúfragos de Laura Pérez y Pablo Monforte ganó en 2016 el IX Premio de Fnac-Salamandra. La trama avanza bicéfala entre Madrid 1981 y Barcelona 1991. Amigos de juventud, Alejandra y Julio se reencuentran en la madurez para resolver lo que dejaron a medias. Aunque se nota la pasión poética de Monforte en más textos de los deseados dada su cursilería, y pese a que el diseño modernete de los personajes me ha lastrado bastante, la obra me ha gustado más de lo esperado, tanto por el dibujo y el color como por la construcción de la historia. Creo que es una buena ópera prima.

QRN en Bretzelburg de Franquin


QRN en Bretzelburg (1963) es el decimoctavo álbum de la serie Spirou y Fantasio. Para celebrar el cuadragésimo aniversario de esta aclamada aventura, la editorial francesa Niffle publicó en 2015 una edición coleccionista que ha visto la luz en España gracias a Dibbuks, encargada actual de la traducción de las historietas del personaje.

Con 65 páginas, se trata de la obra más extensa de Franquin y la que más tardó en gestarse. Este tomo recupera el formato original apaisado en el que fue publicado en la revista Spirou, prescindiendo del coloreado pero rescatando las viñetas que se eliminaron en el álbum final, añadiendo explicaciones y comentarios del crítico y periodista especializado Hugues Dayez.

En principio, QRN en Bretzelburg iba a ser una aventura contra Zorglub, el archienemigo de la pareja de héroes, pero al editor Charles Dupuis no le gustó la idea de sacar otra aventura del científico loco, pues las dos anteriores se centraban en él. Esto pilló al historietista a contrapié, quien necesitó la ayuda del guionista Greg (Michel Louis Albert Regnier) para reconducir el guión.

Este trabajo se enmarca en una etapa en la que Franquin estaba cansado de dibujar al botones de rojo y sufría episodios de depresión. Por si fuera poco, a las complicaciones con el editor se sumó una hepatitis vírica que interrumpió la serialización de la aventura, publicada semanalmente en la revista Spirou, que quedó detenida del 28 de diciembre de 1961 al 11 de abril de 1963.

Por suerte, gracias a Greg, la trama había tomado un nuevo rumbo, concretamente, hacia Bretzelburg. En este país imaginario, la población vive acuciada por el hambre y la escasez por culpa de un monarca que destina toda la riqueza nacional a preparar la guerra contra el país vecino. Este desarrollo agradó mucho a Franquin dado su conocido antibelicismo.

Para representar fielmente esta nación de clara inspiración germánica, el dibujante, muy perfeccionista, se documentó al detalle. La calidad del apartado gráfico es tan alta que está considerado el mejor de la etapa de Franquin. Así, a pesar de los contratiempos, esta historieta se ha convertido por mériros propios en una de las más valoradas tanto por seguidores como por críticos.

A diferencia de Astérix o Tintín, Spirou no ha gozado de tanto éxito en España. Sin embargo, le debemos muchísimo a sus aventuras y a Franquin. Sin ellas, seguramente no habríamos tenido muchos tebeos de Mortadelo, ni personajes como el botones Sacarino (que es un calco del Gaston Lagaffe de Franquin con el uniforme de botones de Spirou).

Gaston Lagaffe y el botones Sacarino

Una de las historietas donde más destaca Ibáñez por su dibujo es El sulfato atómico (1969). En ella redibuja viñetas de QRN en Bretzelburg y de otros ábumes francobelgas. Sobre este tema hay opiniones enfrentadas, pues duele mucho acusar a un autor tan querido como Ibañez de plagio. No obstante, las similitudes son, en muchos casos, más que claras.

Hay que aceptar que Ibáñez se basaba en el trabajo de otros autores para hacer el suyo. Mientras Franquin llevaba a cabo la tarea de adaptar el mundo real a su estilo de dibujo, Ibáñez acudía directamente a la recreación en tinta, y a partir de ahí ponía esfuerzo en lo que realmente le llena de orgullo: el humor. Nunca, en su defensa, se ha considerado más que un "pintamonas".

Aunque el valor del genio belga para el noveno arte es inconmensurablemente más relevante que el del español, por ser precursor y referente de un estilo que, al igual que Hergé, sentó cátedra, en lo personal, releo hoy El Sulfato Atómico con la mandíbula desencajada mientras que QRN en Bretzelburg se me hace infantil y aburrido.

No lo digo por nacionalismo. Puedo asegurar que las aventuras de Astérix me siguen resultando hilarantes. Y el tema está ahí. ¿Quién hay detrás del galo de la poción mágica? Goscinny, otro de los mayores superdotados de la historieta francobelga, un guionista creativo y divertido como ha habido pocos. En España, creo que podemos afirmar que Ibáñez ha dominado la comedia como ninguno.

Comparo dos viñetas, una de QRN en Bretzelburg y otra de El sulfato atómico, la famosa del autobús. Resulta evidente que Ibáñez copió el autobús de Franquin, pero cambiándolo de dirección y, en consecuancia, añadiendo las puertas. Sin embargo, atendamos también a la cantidad de chistes de ambos dibujos.

En la aventura de Franquin y Greg, tenemos a Spirou explicando lo que van a hacer, por dónde continúa la aventura. Vemos la pobreza del país en el autobús destrozado y comentarios graciosos acerca de lo que se esperaría normalmente y la realidad (no hay prisa porque nadie trabaja, hay escasez hasta de paradas).

El comentario de ánimo del abuelo queda un poco críptico, pues es el pie de otra broma. Cuando suban al transporte público, los protagonistas descubrirán que va a pedales. Ahí, se desarrolla en cuatro viñetas un chiste fantástico en la que una anciana les reprende por no ocupar su asiento (para pedarlear), cuando lo normal es cederle el asiento a los mayores.

Viñeta original de Franquin, edición de Dibbuks
Viñeta invertida horizontalmente
Viñeta de Francisco Ibáñez

Con Ibáñez sucede lo contrario. La viñeta es el remate de un chiste empezado por el Súper en la página anterior: los dos billetes de avión que parecían tan lujosos son para una desastrosa compañía de autocares llamada "El Avión". Es más: aquí lo hilarante no es que choquemos contra un mundo al revés, sino que nos topamos de cara con el día a día de los españoles.

¿Qué pasajero de Renfe no se siente identificado con ese "Servicio regular. ¡Y tan regular!"? Ahora la gente no escupirá huesos de aceitunas, pero sí pipas, ¡y hasta se cortan las uñas! La picaresca de ese "El nene no paga" resulta más cómica porque no vemos la escena y tenemos que imaginarla. Ibáñez aprovecha cada rincón para añadir un chiste: ved al pollo saltando de debajo de las ruedas.

La densidad de chistes por centímetro cuadrado (nunca mejor dicho) es brutal. Se aprecia más ahora que las peripecias de la pareja de detectives calvos contienen una menor cantidad de gracias mucho menos ocurrentes. La capacidad de Ibáñez para hacernos reír radiografiando las miserias del país es elogiable, pero no quita que en la parte gráfica copiara más que creara.

Con esta edición especial de QRN en Bretzelburg no sólo aprendemos más sobre la historia del cómic francobelga, sino que, de rebote, entendemos mejor al mayor referente de la escuela Bruguera. Como ya he dicho, la aventura de Spirou me ha resultado aburrida por infantil, pero me he quedado embelesado con la pluma de Franquin. Si te gusta el cómic, esta obra debe estar en tu biblioteca.

______
Más información:

Fire!! La historia de Zora Neale Hurston de Peter Bagge


Peter Bagge se ha reinventado y ha encontrado un filón: las biografías de mujeres sorprendentes. Y es que cuando pasas cierta edad, por mucho que te esfuerces, no puedes seguir guionizando historietas donde su tema principal es el hastío adolescente. Y si acaso puedes reproducirlo con casi sesenta años, seguramente el público no se sienta identificado con una juventud de hace cuatro décadas.

De lo último suyo que publicó La Cúpula, Reset y Other lives no me atrajeron en absoluto. Los hojeé en la tienda y me dio pereza nada más leer la sinopsis o ver algunas viñetas. El recopilatorio Todo el mundo es imbécil donde analiza y da su opinión sobre distintos temas no casó conmigo y no lo terminé. Creo que su enfoque libertario no me convencía.

Sin embargo, cuando vi La mujer rebelde en la estantería de mi tienda de cómics, la cosa cambió. ¿Una biografía sobre una enfermera de principios del s.XX que fue la fundadora de la Liga americana para el control de la natalidad? Eso había que leerlo, ya sólo por curiosidad. Del interés pasé al disfrute de lo que, sin duda, es una excelente obra que consigue atraparte.

Con Fire!! nos vuelve a enganchar con la misma estructura frenética, recopilando cronológicamente momentos relevantes de la vida de Zora Neale Hurston sin dar tregua al lector. Página tras página, se suceden esas escenas, separadas por enormes elipsis que podremos completar leyendo las ingentes anotaciones del final del libro.

La biografía de esta antropóloga y escritora folklorista afroamericana se me ha hecho algo más confusa de seguir por los constantes viajes del personaje, pero cumple la misma función que el anterior libro: dar a conocer una figura desconocida para la mayoría del público, la relevancia de cuyo trabajo es indiscutible.

Tanto Sanger como Hurston son dos personas complejas, extravagantes y de armas tomar que no se detuvieron ante nadie. Su obcecación por alcanzar sus metas no decayó. La diferencia es que Hurston murió en la pobreza, y su obra no fue valorada hasta después de su muerte, cuando fue rescatada en 1975 por Alice Walker (autora de El color púrpura).

Impulsora del Renacimiento del arte negro en Harlem y combatiente por los derechos civiles de los afroamericanos. Además de sus estudios antropológicos acerca de las comunidades negras, creó una literatura que plasmaba los elementos culturales y la forma de hablar de dichos grupos, pudiéndose considerar precursora de autoras como Toni Morrison, Maya Angelou, o la misma Alice Walker.

Al igual que Sanger que nos sorprende con sus ideas xenófobas, Hurston era republicana y fue acusada de racista por estar en contra de la desegregación entre blancos y negros. Su miedo era que a raíz de la integración en escuelas la comunidad negra perdiera sus rasgos culturales propios, adquiriendo los de los blancos y desdibujando su identidad.

Peter Bagge crea otra biografía tal vez más caótica y menos redonda que la anterior, pero igual de interesante. Tanto Sanger como Hurston se erigen solas frente a la adversidad sin necesidad (ni ganas) de un abrazo de consuelo que no han demandado. Mientras, nosotros terminamos los libros con ansias de conocer mucho más sobre ellas. ¡Dadnos más!

Una contra tres: Tomorrowland, Super 8, Hotel Transilvania y El señor de la guerra

Tomorrowland (2015)

Esta película de ciencia ficción para todos los públicos está inspirada en una zona temática de Disneyland California. Aunque infantil, la disfruté mucho. Es entretenida y está repleta de maravillosos efectos especiales. ¿Qué sucedería si el mundo futurista que muestran en el cine fuera real? ¿Y por qué se mantiene oculto? Un divertido cascarrabias y una joven muy guerrera buscarán descubrir el misterio mientras intentan salvar el mundo de hoy para preservar el del mañana.


Super 8 (2011)

Me dejó con la boca abierta, y no en el buen sentido. La gente parece alabarla tanto, y es tan absurda... Nunca he visto un accidente de tren más desproporcionado e inverosímil. Parece un sketch paródico del cine de Michael Bay. Desde esa escena, no dejé de pensar en lo estúpida que era. ¡Y consigue superarse! Comparan Strangers Things con ella, pero más allá de la estética ochentera, la serie de Netflix entronca mejor con Expediente X que con este bodrio sin pies ni cabeza.


Hotel Transilvania
(Hotel Transylvania, 2012)

Pixar subió el listón para siempre, y no se puede dejar de valorar una película de animación sin tener en cuenta sus trabajos. Y la historia de este vampiro que no quiere que su hija abandone su monstruoso hotel por miedo a los humanos no consigue estar a la altura. Oscila tondo el metraje entre lo ñoño y lo tonto. Ningún personaje engancha ni destaca, los chistes son para niños y el doblaje, desde luego, no ayuda. La canción de rap del final es un What The Fuck en toda regla.


El señor de la guerra
(Lord of War, 2005)

El enfoque de esta historia basada en el traficante de armas Viktor Bout es demasiado cliché. Tratar un tema tan duro desde una óptica distanciada pero molona ya no escandaliza a nadie, mucho menos su intento de cerrar la trama con una bofetada fatalista y cruel. Este guión de ascenso y caída es demasiado previsible. Para acabarla de matar, el personaje de Nicholas Cage resulta tan vacío como el casquillo de una bala recién disparada o como el cráneo contra el que impactó de pleno.